Tomás Mendoza Arracó, nacido en Cartagena en 1974, es un pintor que lejos de haber recibido una formación académica, ha sido capaz de desarrollarse artísticamente de forma autodidacta, y crearse una técnica a través de la cuál expresar sus preocupaciones, sueños e inquietudes.
Martín Lejárraga define a este artista como un visionario “…de los que parecen mantener una puerta abierta a un territorio salvaje e inexplorado y al que sólo podemos acercarnos a través de sus obras. Sus mecanismos mentales son tan peculiares como su lenguaje gráfico o sus composiciones, lo que lo hacen un creador único y bebedor de un manantial que se me antoja inagotable”.
Los trabajos de Tomás Mendoza son composiciones de contenido denso y que, a simple vista, dan la impresión de enmarañamiento, lo que produce una sensación de inquietud y contradicción en el espectador. El visitante no se queda indiferente ante ninguna de las obras, cuadro tras cuadro mantiene una sensación de búsqueda continua y siente el despertar de nuevas emociones.
A pesar de ese aparente caos tan característico de sus producciones, cada elemento y pequeño objeto que aparece en ellas tiene una razón de ser y un por qué. Este horror vacui le lleva a plagar sus lienzos de objetos cotidianos dispuestos de forma aparentemente arbitraria. Cada uno de los cuadros de Tomás Mendoza tiene un sentido original pero el denominador común del conjunto de su obra es su gran originalidad de concepto y disposición de formas que quedan contrarrestadas por el equilibrio conseguido a través de la exuberancia del color.
José Francisco López definía la obra del cartagenero, en el catálogo editado con motivo de la exposición, como “…Composiciones en big bang radiante desde el centro del lienzo. Esa gran explosión parece hacer pedazos y lanzar como innumerables asteroides los cientos de pequeños pensamientos, de pequeñas obsesiones que buscan su pista orbital en torno al pensamiento central. Constelaciones de pensamientos, de anhelos, de frustraciones, girando en torno a una idea dominante.”
Aunque la obra de Tomás Mendoza evoque a los artistas de la vanguardia surrealista del siglo XX, ha desarrollado un lenguaje muy personal y ha sabido impregnar sus cuadros de una personalidad propia.
A lo largo de su trayectoria profesional se ha podido ver su obra en numerosas ciudades españolas, y se le ha reconocido su dedicación con los premios y adquisiciones que se le han otorgado.





